Lo que de verdad pasa en la mesa
Un turista abre una carta que no puede leer y pasa a modo supervivencia: pide la única palabra que reconoce, se salta los entrantes, se salta el postre, y le hace tres preguntas al camarero saturado por el camino. No se queja, simplemente gasta menos y no vuelve. Multiplica eso por cada cliente extranjero de la temporada y la carta sin traducir se convierte en una de las fugas de facturación más silenciosas del negocio.