Por dónde se escapa la facturación de sala
Un cliente decide una segunda bebida, busca un camarero con la mirada, no cruza ninguna, y desiste. Multiplica eso por cada mesa un viernes lleno: rondas sin pedir, arranques tardíos porque los menús llegan tarde, mesas que rotan despacio porque cada paso espera a que un empleado quede libre. No es culpa de nadie, es la física de unas pocas personas sirviendo muchas mesas.